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Hace unos días estuvimos en la capital del sur de España. Cádiz. Una provincia con una muy buena gastronomía y con restaurantes de mucho nivel. En segunda línea de playa de la Victoria, concretamente en la calle Fernández Ballesteros número 3, se encuentra A Plomo Cádiz. Un lugar donde disfrutar de una cocina tradicional gaditana con un toque moderno y vanguardista. El tiempo es estupendo en este inicio de febrero y la brisa marina se respira en la calle a medida que nos acercamos a su puerta. Nos ha sido fácil encontrar aparcamiento. Dentro se encuentran Guti, el jefe de sala y Carlos Martínez, el chef y propietario de A Plomo Cádiz. Un emprendedor joven, enamorado de la cocina y de Cádiz. Algo que plasma en cada plato que elabora para su restaurante. Carlos, me recibe con una sonrisa, siempre lo hace. Comenzamos la entrevista.

¿Cómo nace A Plomo y por qué en este lugar?

  • Nace de una alianza con dos socios. Otro compañero más y yo. Que los dos somos cocineros. Y decidimos montar un negocio en Cádiz porque todo cocinero tiene dos caminos. O monta algo o hacerte profesor. Pero no trabajas por cuenta ajena, porque si llegas a una edad… que con 50 años te echan a la calle por cualquier cosa, es muy difícil encontrar trabajo.
  • Nuestra intención era el centro de Cádiz pero también vimos este local donde estamos ahora y nos entró añoranza porque conocíamos a los vecinos del barrio; nos hemos criado y hemos crecido aquí y entonces dijimos por qué no, al lado de la playa y en una zona más o menos de gente de clase media/alta podría haber futuro.

Carlos Martínez Pérez, chef y propietario de A Plomo Cádiz

En estos cinco años de A Plomo ¿cómo ha sido la evolución?

  • Al principio muy buena. Los primeros años éramos cuatro cocineros y tres camareros. Estábamos abiertos todos los días pero la evolución ha sido muy buena. La aceptación en las redes sociales durante estos cinco años ha sido muy buena, los comensales se van encantados. La cartera de clientes que hemos conseguido consolidar durante todo este tiempo se ha mantenido hasta el día de hoy y se ha quedado todo frenado por el tema del COVID. Llegó 2020 y nos fuimos a pique. Porque el primer año que comenzó en octubre, pasaron unos mesesitos y ya estábamos en 2017. Ese año fue muy bueno, éramos la novedad, fue un verano explosivo. 2018 fue medio bueno también, empezó la situación a estabilizarse un poco, en 2019 ya me quedo yo solo con el negocio y empezamos a ver un poco más de color y demás, y entonces llegó la pandemia y ya nos lo fastidió todo hasta el día de hoy.

¿Qué caracteriza a A Plomo respecto a otros restaurantes?

  • Lo primero el producto y el esfuerzo que tenemos nosotros. Día tras día nos empeñamos en poder hacer una comida mediterránea y tradicional pero a la vez diferente, con un toquecito un poco más de modernidad, gastronómico, vanguardista y salirnos un poco del tiesto de comerte un menú de comida tradicional. Buscamos que el cliente cuando venga se sorprenda, se coma un plato que se puede comer en otro sitio pero que tenga un toque diferente, que le sorprenda un poco, que note la diferencia, vea el cariño por el servicio, los detalles…

Aunque cambies la carta por temporada, ¿cuáles son los platos estrella de A Plomo?

  • Tenemos varios. El Wellington de rabo de toro, que es un guiso que hacemos nosotros tradicional de Cádiz, desmenuzamos y lo metemos en un rulo de hojaldre casero, lo envolvemos en ese hojaldre y lo horneamos. Ese plato no lo hemos podido quitar de la carta. Otro plato, las patatas bravas, que son muy aclamadas por los clientes que tenemos aquí afianzados. La torrija, como postre, que tampoco la hemos podido quitar de la carta porque sino, nos linchan (risas), y el paté de ortiguillas; una forma diferente de comer ortiguillas. Que un producto tan gaditano como ese y en todos lados la ponen frita, pues nosotros la hemos convertido en un paté, poco más. Nosotros como referencia dejamos esos platos porque son intocables pero siempre intentamos por todos los medios, quitar todo lo demás.

Patatas bravas A Plomo

Para renovar la carta cada cierto tiempo…

  • Que se note el producto, que nosotros nos divirtamos también, que la gente note también el cambio, que si vienes aquí tres días, te sabes más o menos la carta; si queremos que esos clientes tengan una rotación y una cuarta visita, pues entonces tenemos que darles un poco más de cancha.

Has hablado de producto, vosotros sois producto 100% Cádiz…

  • Eso lo llevamos a rajatabla. O al menos lo intentamos. Si tenemos que comprar algún producto que venga de Sevilla o de Jaén, o algún producto de alguna gama japonesa de importación o demás, bueno sí lo compramos. Pero nuestra base, el 85% de la carta de A Plomo son productos de Cádiz. Podríamos definirnos cocina mediterránea gaditana.

¿Cuál es precio aproximado de un comensal en A Plomo Cádiz?

  • El precio medio del comensal que gasta aquí ronda sobre los 18-20 euros.

Es barato…

  • Es barato. Nos ponen como restaurante caro por el tipo de servicio que damos, el tipo de oferta que tenemos pero realmente te gastas lo mismo que en un sitio con este tipo de gastronomía.

Bacalao confitado en AOVE sobre menudo gaditano y piparra dulce en tempura, maridado con Amontillado de Gutiérrez Colosía.

Y además tenéis dos menús degustación muy bien de precio.

  • De hecho tenemos la facilidad de que el cliente puede elegir los platos que más le atraigan de la carta, en un menú cerrado. El cliente paga por el menú degustación corto 34,90 € (cuatro platos + un postre). Luego tenemos el menú A Plomo que es un poco más extenso por 44,90 € (seis platos + dos postres). Tiene la peculiaridad que los platos pueden elegirlos los clientes, que puede llegar a ser hasta divertido porque discuten qué platos van a comer y este tipo de ofertas no las encuentras en cualquier lado, porque los menús degustación suelen ser siempre cerrados.

Otro rasgo característico, además de la buena carta de vinos, es esa amplia carta de cervezas artesanales, difíciles de encontrar en la restauración.

  • A ver, nosotros intentamos trabajar con fábricas de cervezas pequeñitas. Por ejemplo, tenemos La Caperucita que es una cerveza que se elabora en El Bosque, en la Sierra de Grazalema. Tienen una producción muy cortita, de hecho ahora estamos sin existencia porque están esperando a que terminen de elaborarla y madurar la cerveza. En cuanto tengan una cantidad pues nos mandan unas pocas y esas están saliendo muy bien. Luego tenemos también la Cerveza La Bahía. Que es una cerveza que está apostando ahora que acaba de nacer un añito escaso y que se quiere convertir como la cerveza malagueña que solo es procedente de Málaga. La Cruzcampo es procedente de Sevilla y por qué Cádiz no va a tener un tipo así de cerveza, ¿no?. Entonces este chaval está ahí luchando para que la cerveza La Bahía que tiene bastante cuerpo y mucho con lo que pelear con Cruzcampo, Estrella Galicia y demás pues se defiende bastante bien. También las otras cervezas que tenemos son del resto de la provincia, como las de Conil que se llama Esparté. Tenemos un apoyo a los maestros cerveceros que se están arriesgando ahora a elaborar cervezas. Conil, El Bosque, tenemos Costa, Sierra y Capital.

Y ahora pasando una mala racha con esto de los contagios…

  • Estamos pasando una racha muy mala. Hemos conseguido sobrevivir a la primera pandemia. Las primeras oleadas que ocurrieron en el 2020 las hemos conseguido apaliar pero ya llevamos casi dos años y entonces ya toca levantar. Ya estamos cansados de luchar. La única respuesta que hemos recibido por parte del Gobierno ha sido la ayuda a los ERTES que han venido muy bien por cierto, pero no hemos vuelto a recibir ningún tipo de ayuda más, los impuestos siguen siendo iguales, la escasez se triplica porque la gente está cansada, con la llegada de Omicrón también ha sido un bombazo porque la tasa de contagio subía como la espuma, ha sido mucho más contagiosa y la gente tenía mucho más miedo.
  • Cuando abrimos teníamos conocimiento de que cuanto más pequeñito, más acogedor y más manejable para poder llevarlo mejor y dar un ambiente más cálido, pero eso con la llegada del COVID se ha ido todo al traste. Tenemos un restaurante cerrado, sin terraza y con pocas mesas. Pues entonces nos cuesta tirar para adelante.

Para casi terminar…qué mensaje le lanzas a aquellos que visiten A Plomo Cádiz.

  • Pues que venga a disfrutar, a tener una experiencia nueva. A arriesgar un poco. Que venga a probar todo tipo de platos que elaboramos aquí en A Plomo y que venga a sorprenderse, que no solamente venga a comer para quitarse el hambre, sino que venga también a disfrutar.

Y un deseo…

  • Hacemos un llamamiento al Gobierno, tanto estatal como autonómico de que nos ayuden tanto económicamente como en actividades en la ciudad, más eventos, más cosas, con el deseo que el COVID vaya desapareciendo.

Muchas gracias, Carlos, por todo. Si no lo conocen, pueden aprovechar para conocerlo mediante su carta, su menú degustación o el menú de San Valentín que ponen en marcha del 10 al 17 de febrero. Seguro que disfrutan con su cocina mediterránea gaditana. Y saborean el más puro sabor de A Plomo Cádiz.

Menú de San Valentín de A Plomo Cádiz. Disponible entre el 10 y el 17 de febrero de 2022.

El horario de A Plomo Cádiz: Miércoles y jueves de 13:30h. a 16:00h. y de 20:30h. a 23:30h. Viernes y sábados de 13:30h. a 16:00 h. y de 20:30h. a 00:00h. Domingos y lunes de 13:30h. a 16:00h. Martes: cerrado.

Número para reservas: 856 07 10 57.

Hace unos meses descubrí un nuevo restaurante en Los Alcores sevillanos. Situado en Mairena del Alcor, concretamente en la calle fronteriza con El Viso del Alcor. Su nombre es Alcaraván y a primera vista ya me dio buena impresión. Se llega fácil, ya que está en una de las entradas del pueblo. Además está muy bien ubicado, tiene un salón amplio y moderno y una terraza, ideal para estas fechas de verano. Está regentado por Víctor Roldán y Amadeo Portillo. Dos jóvenes apasionados de la hostelería y que aportan un nuevo aire a la restauración de la provincia sevillana. Víctor Roldán es el chef y pese a su juventud tiene una gran experiencia entre los fogones. Por su parte, Amadeo Portillo es el encargado de Sala – en la que se desenvuelve perfectamente y te hace sentir como en casa – y el creador de la buena carta de vinos que posee Alcaraván.

Alcaraván trabaja con productos frescos apostando por los huertos de su propio pueblo y con un pescado y marisco que llega varios días en la semana directamente desde la lonja. Asimismo, tiene una nevera repleta de carnes maduradas de exquisita calidad, lo que demuestra más aún su apuesta por el producto como base de su éxito. Con este cimiento en producto, Víctor Roldán le pone su toque personal a cada plato que elabora, demostrando en cada uno de ellos su maestría para resolver creaciones de toda la vida, con un toque vanguardista.

He tenido la oportunidad de ir a comer en varias ocasiones e incluso asistir a uno de los eventos privados que han realizado. Y en todas las visitas me ha sorprendido, dejándome con ganas de volver lo antes posible. Porque es un restaurante con una gran relación calidad/precio que impresiona no solo al que lo disfruta por primera vez, sino cada vez que se acude a Alcaraván.

Cecina de vaca madurada.

Repasando su nueva carta, estrenada hace pocas semanas podemos hacernos a la idea del amplio abanico de posibilidades culinarias que ofrece para disfrutar de una verdadera experiencia enogastronómica.

Les recomendaría que – si confían en lo que les digo – se dejen guiar por Amadeo para ello. Tanto en platos como en vinos. Que por cierto, tiene un gran gusto por los vinos. Ninguno de los que aparecen en carta le dejarán indiferente, a pesar de que probablemente algunas referencias ni le suenen. Déjense guiar y el éxito estará asegurado.

Tartar de atún.

Entre sus platos, tienen que probar la cecina de vaca madura, un espectáculo. Asimismo, no dejen de saborear cualquier plato elaborado con atún, como el tartar – que está realmente delicioso o el tataki. Asimismo tienen que saborear sus croquetas, que las ofrecen de distintos sabores: de morcilla, de bacalao, de espinacas, nueces y queso azul y de carabinero. Mis favoritas son las de morcilla, aunque para que no se queden sin probarlas todas – que merece la pena – yo pediría de nuevo el variado de croquetas. Que te las sirven en una sartén, con mucho estilo. Como todos los emplatados. ¡Qué importante es el emplatado para que un plato te entre por el ojo! Pues Alcaraván lo consigue y además te conquista con su olor y su sabor. También tienen que pedir los canelones de carrilleras – una exquisitez. Asimismo, un seguro es la sartén de pulpo y langostinos. Un verdadero bocado espectacular de la mano de Víctor Roldán. Tampoco se queda atrás el pulpo con arroz negro y alioli de pimentón, con un arroz y un pulpo en su punto que lo convierten en otro platazo.

Variado de Croquetas.

Pero si tuviera que destacar algo en la carta de Alcaraván son sus carnes. No solo por la calidad de los platos sino por su forma de elaboración. En Alcaraván he probado uno de los mejores platos de carne que he probado en mi vida, ya que el punto de la misma en tres fases me dejó realmente sorprendido. En este sentido disfruté del T-Bone y fue realmente un espectáculo. Aunque cualquiera de las carnes que tienen en el restaurante: Rib Eye, Chuletón de vaca gallega, Solomillo de vaca o Lomo bajo de Simental a buen seguro le dejará la boca hecha agua.

Siendo sincero estoy deseando probar el lingote de cochinillo y el costillar a baja temperatura glaseado con bbq. Uno de los dos pediré muy probablemente en mi próxima visita.

Aunque la carta no cuente con platos de postre sí que los hay. Aunque deciden no incluirlos en la misma. Mi favorito es un torrija elaborada con salsa de Baileys con helado de vainilla que está para chuparse los dedos. Tampoco se queda atrás su tarta de queso o la crema de chocolate blanco. Aunque, como dije con anterioridad, déjense guiar por Amadeo Portillo y así no se equivocan.

Torrija con salsa de Baileys y helado de vainilla.

Portillo también les guiará en los vinos, aunque si son amantes del buen vino pueden ojear su carta – que posee 76 referencias entre espumosos, generosos y vinos tranquilos (con un gran protagonismo en esta tipología de vinos andaluces).

En definitiva, Alcaraván se ha convertido en poco tiempo en uno de mis restaurantes de referencia de la provincia de Sevilla. Un lugar ideal para disfrutar de una verdadera experiencia enogastronómica gracias a la ilusión y maestría de un chef como Víctor Roldán y a la buena atención servicio en mesa y experiencia en vinos de Amadeo Portillo. Pasen por Alcaraván, no se arrepentirán.

 

Subiendo la popular calle sevillana Argote de Molina, más conocida como ‘la cuesta del bacalao’ y al final de una pequeña callejuela a su izquierda, en el número 26 se ubica el emblemático Mesón Don Raimundo, fundado a mediados de los años 60 por Raimundo Fernández Rodríguez. Medio siglo después me recibe en su casa, que se mantiene al igual que cuando la reformó aquellos años. Un restaurante acogedor, lleno de obras pictóricas y esculturales que Raimundo ha coleccionando a lo largo de los años. Pese a su principio de parkinson, su aspecto es estupendo y su memoria fantástica reflejada en la entrevista que concede a un servidor.

Raimundo Fernández en la fachada del Mesón Don Raimundo

Raimundo Fernández es sanluqueño, afincado en Sevilla tras casarse con una sevillana, “Yo siempre digo  que yo me casé con una sevillana porque me enamoré de la Giralda”. Pero antes de llegar a la capital andaluza, tuvo un largo recogido en la hostelería que comenzó con su tío Flichi en Sanlúcar. “Mi tío un bar de tapas, muy famoso. Y todos los fines de semana tiraba de mí, para partir aceitunas o cualquier cosa en la cocina. Y ya en el año 1952, él compró el restaurante El Colmao en Chipiona, contando conmigo. Desde entonces, empecé a dedicarme a la hostelería. Estuve en Madrid, más tarde en Italia, ya que estuve de servicio en la Marina con el Juan Sebastián Elcano, y cuando regresé comencé a trabajar en Canarias en el restaurante de un hotel. Un poco después, marché al sur de Inglaterra a trabajar en un resort turístico. Y volví a España, me casé en 1965, y me fui otra vez a Canarias. Allí estuve en Hotel Britania, como director del restaurante. Más tarde, estuve de nuevo en Inglaterra unos años más, donde tuve a mi primera hija, en Oxford. Y de allí en el año 1967 me vine a Sevilla y abrí un restaurante en la calle Miguel de Mañara, al que llamé Los Alcázares y lo convertí en un sitio de comida andaluza».

Raimundo confiesa que “cuando llegué a Sevilla me quedé sorprendido porque la cocina sevillana estaba olvidada de la mano de Dios. En los restaurantes se comía, más bien cocina francesa, cocina andaluza y española”. Es por ello, que instauró un restaurante basado en la cocina de Cádiz, Sevilla y Huelva y recuperando la cocina mozárabe de esta zona de Andalucía occidental. Comenzó cocinando en la terraza, delante de los clientes porque “en ese momento era casi imposible venderle a cualquier turista nada que estuviera guisado con aceite, ni que tuviese ajo. Y yo quería que vieran lo que hacía”. A los tres años le concedieron la medalla de bronce al mérito turístico. Y al tiempo, descubrió su actual ubicación, aquella que lo llevaría a la fama. “Encontré este lugar que estaba casi en ruinas, que fue en su día el obrador confitería La Gloria. Yo lo restauré y lo adapté a mi medida”. Este edificio del siglo XIV, año en el que se restaura por primera vez. También fue la primera casa postal que hubo en Sevilla, después fue un colegio mayor de San Antonio de Padua, más tarde el obrador y actualmente Mesón Don Raimundo.

«Yo recuperé la cocina mozárabe ” .

Raimundo Fernández

Considera que la clave de su éxito es “la cocina y la constancia. Me he dedicado a dar muchas conferencias gastronómicas por todo el mundo y tengo la medalla de oro al mejor cocinero de Europa y la medalla a los 100 mejores cocineros del mundo entre otros reconocimientos”. Es un restaurante basado en la cocina de Andalucía occidental y mozárabe, tal y como lo concibió cuando comenzó su andadura en Sevilla. Muestra con alegría sus especialidades mozárabes, “tengo un pimiento relleno a lo mozárabe, porque como sabes el pimiento viene de América. Antes se ponía unas hojas de col, liada con el relleno de carne de ave picada. Tenemos la perdiz mozárabe, el pollo al andalusí, el faisán, el pato…”. Se siente orgulloso de haber elaborado platos como “el choco con uvas, el ajo arropado (que es el principio del gazpacho) o las aves. En nuestro restaurante, todas las aves se maceran en vino durante un mes y hierbas aromáticas como se hacía antiguamente”. El arroz del Mesón Don Raimundo también es conocido por su melosidad y su sabor. “Los arroces, yo lo hago de toda la vida. De celebraciones con una tía mía y hacía un arroz caldoso, que se come mucho en Sanlúcar de Barrameda con langostinos y demás. Nuestro arroz es un homenaje a mi tierra de Sanlúcar de Barrameda”.

Raimundo Fernández, en uno de los salones de su restaurante.

«En Mesón Don Raimundo, todas las aves se maceran en vino y hierbas aromáticas, durante un mes, como se hacía antiguamente ” .

Raimundo Fernández

Además de la cocina, el Mesón Don Raimundo tiene una admirable colección artística y una gran pinacoteca. En este sentido, su fundador también se siente artista porque “me gusta mucho la pintura, yo pinto también, y escribo poema y tengo editado dos libros de poema” “Uno se llama ‘Yo pecador’ y el otro ‘Mi cocina andaluza’” asegura. “Lo primero que entró aquí fue un aparador que tengo ahí de madera de roble, después fui comprando poco a poco. Aquí todo este sector había un anticuario y había mucha gente que le vendían a él y como a mí también me gustaba, pues venían a venderme a mí” comenta satisfecho ojeando su alrededor.

Más allá del propio Mesón, el grupo Don Raimundo, posee el bar Cuesta del bacalao, apartamentos turísticos en la calle Adriano, la confitería Los Ángeles y el Hotel Convento La Gloria, este último junto al Mesón. El Hotel y el Mesón actualmente es regentado por su hija Inmaculada Fernández, “quien es una persona muy competente. Estudió Turismo y lleva esto perfectamente y conoce la cocina bastante bien, y además mi otra hija también trabaja en el grupo, en oficina”. El hotel es muy vistoso visualmente, ya que tiene una decoración y colección de azulejos, techo y obras pictóricas espectacular. Raimundo manifiesta que “todos estos azulejos los he puesto yo, personalmente, los cogía de derribos y tal y los aprovechaba para ir decorando el hotel. Incluso los techos los hice yo y algún cuadro de los que hay colgados también es mio”.

Pese a ser sanluqueño, Raimundo se siente sevillano ya que “es la ciudad que me acogió. Siento mucha satisfacción y alegría de estar aquí”. Recientemente estrenará la terraza de la azotea con unas vistas privilegiadas a Sevilla y su Catedral, “espero que tenga éxito porque tiene una vista de Sevilla única. No creo que haya una ciudad en España ni en el mundo que sea tan bonita como Sevilla”.

Durante la visita tuve la oportunidad de probar algunos platos del menú del Mesón Don Raimundo. En primer lugar degusté unas berenjenas fritas con miel de caña y mermelada casera de naranjas de Sevilla. Muy buena opción. La masa tiene un cierto parecido a la de los buñuelos y su contraste de sabor con la berenjena, la mermelada de naranja, y algunas pasas que lo hacen un plato para no perdérselo. No me extraña que sea una de sus platos del año. Probé también las tortillitas de camarones. Muy bien despachadas y crujientes. Asimismo, tuve la suerte de probar el pimiento a lo mozárabe. Un pimiento relleno de carne de ave picada, frito y con su salsa característica, donde vuelve a aparecer ese contraste de sabores. Un plato muy bueno. Finalmente, terminé los salados con el bombón de solomillo relleno a la jabuleña. Un buen solomillo relleno de queso y pimiento con una salsa dulzona con pasas y piñones, de nuevo con recuerdos a la cocina mozárabe. También muy bueno. Todo maridado con un oloroso de la bodega de Montilla Moriles, Alvear, llamado Asunción. Un generoso potente y largo en boca de más de 20 años de crianza. Una explosión de potencia y sabor con los platos maridados. Todo un acierto, recomendación del brand ambassador del restaurante, Carlos M. Montero.

Pude probar dos postres. Un buen tocino de cielo (siendo de Jerez he probado bastantes) que estaba muy rico y no se hacía empalagoso. Finalicé la comida con una tarta de queso que estaba realmente buena. Especialmente la cobertura de fresas naturales. Todo maridado con un delicioso vino de naranja, elaboración propia de la casa.